Curial y Güelfa

Preu: 21 €
Amics dels clàssics: 19,95 €
Quantitat:

Autor: Anònim

Col·lecció: Traduccions

Temàtica: Novel·la

Tags: TraduccionsTraduccions a l'espanyol

Idioma: castellà

Núm. Edició:

ISBN: 978-84-92975-04-4

Format: 13,5 x 25

Pàgines: 508

Preu: 21 €
Amics dels clàssics: 19,95 €
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Sinopsi

La narrativa protagonizada por caballeros produce en el siglo XV tres obras principales, las tres de parecidas características: el Petit Jehan de Saintré de Antoine de la Sale, escrito en 1456; el Tirant lo Blanc de Joanot Martorell (1460-1464) y el Curial e Güelfa, anónima, y cuyo período de composición no debe andar muy lejos de estas fechas. Saintré es un personaje de ficción que lleva el nombre de un caballero que vivió a mediados del siglo XIV y que en la novela se codea con otros personajes que evocan seres reales como el mariscal Boucicaut –recordado en el Curial-, el señor de Lalaing o Gadifer de la Sale. Sobre el primero un anónimo escritor compuso una importante biografía, Le livre des fais du bon messire Jehan le Maingre, dit Bouciquaut. El segundo no sólo ayuda a construir el personaje principal, sino que es objeto de una recreación biográfica, Le livre des faits de Jacques de Lalaing, que presenta notas comunes con la misma novela. El tercero protagoniza junto a Jean de Béthencourt el relato de la expedición y conquista de las Islas Afortunadas, Le Canarien. Curial y Tirant son personajes moldeados con un barro parecido, puesto que también toman sus modelos de la realidad misma, y tampoco son ajenos a ese cruce de caminos literarios que alrededor del fenómeno caballeresco, sus héroes, sus gestas, sus reglas y sus galas se produce en el siglo XV. Un punto de encuentro en el que la biografía y la crónica coinciden con la ficción novelesca. Alimentado además por un factor de gran peso: la expansión turca en Europa, iniciada con gran ímpetu bajo el sultán Bayaceto (que, por cierto, derrotó a Boucicaut en Nicópolis, en 1396, y a quien el cronista Jean Froissart dedica destacadas páginas), que es a su vez el tema decisivo en la Historia de Jacob Xalabín; factor que se agrava con la caída de Constantinopla en 1453. No es de extrañar, en consecuencia, que los héroes de estas tres novelas culminen su carrera militar combatiendo al turco. La novela, pues, parece hacerse cargo de un problema inmediato. Su historia, sea cual sea el tiempo en que se sitúa, es historia contemporánea. La ficción se propone ahuyentar temores, reactivando el ideal caballeresco con un nuevo objetivo: la defensa, percibida por muchos como altamente incierta, de la cristiandad. Se impone desprender de todo ello un firme principio de verosimilitud, que es defendido por el autor del Curial con notable beligerancia. De él se deriva la apuesta por un estilo que se ampara en las maneras del historiador que, fiel a las exigencias del oficio, se niega a “dorar las letras”, y también el alcance de la lectura moral que emana de una peripecia vital pautada según las enseñanzas de la Eneida. El compromiso con la actitud en principio objetiva del historiador no impide que el escritor se haga presente en el texto, ni que dibuje en el personaje que tutela los pasos del protagonista a un alter ego que acaba por hacerlo sentir muy próximo a la historia que ha decidido explicar. Su voz se ofrece de hecho como garantía de la veracidad. Curial, por otro lado, no puede llegar a la cima sin llenar de contenido las expectativas que genera su nombre. Quien debe defender la cristiandad está obligado a encarnar los valores y los conocimientos que se estaban difundiendo entre una elite que en grados diversos se manifestaba con fuerza y sentido de la novedad en toda Europa. La novela también acepta dar cabida a un currículo escolar voluntariosamente puesto al día, desmintiendo el consejo que recibe Pero Niño de su ayo, tal como narra Gutierre Díaz de Games en El Victorial, según el cual “el que ha de aprender e usar arte de cavallería, non conviene despender luengo tiempo en escuela de letras”. El anónimo es un intelectual y hace valer su condición. Esta determinación coloca a la novela en aquella zona en que es posible efectuar un papel de intermediación entre la alta cultura en latín y la desarrollada en lengua vulgar. En la mayoría de los textos citados, ya sea biografía o ficción, el amor ocupa un espacio relevante: determina la peripecia y dirige la trayectoria cortesana. La de Curial está marcada por tres mujeres, que responden a tres tipos literarios y culturales: la Belle Dame Sans Merci –que comparte con el Saintré junto con otros rasgos que no parecen casuales-, la decameroniana Ghismonda y la virgiliana y ovidiana Dido. En los tres casos, las mujeres son más resolutivas y saben expresar su pasión con mayor soltura y, cuando se tercia, mayor calidez que el propio protagonista, siempre en una precavida, y en ocasiones expectante y calculadora posición de dependencia. Es frente al amor que Curial adquiere una notable complejidad como personaje que va más allá del ámbito estrictamente sentimental. Su historia es la de una ascensión –de hijo de pobre valvasor a príncipe de Orange-, en cuyos peldaños las mujeres son decisivas. Su debate, celado e intenso, entre la fidelidad de corte feudal y expresión trovadoresca, y las llamadas del corazón en pos de una desconocida libertad, le da un aire stendhaliano que es uno de los aciertos de esa novela que por tantos aspectos bien merece ser celebrada como uno de los grandes textos de la narrativa europea de todos los tiempos.


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